Mario Vidal Lozano

Mario Vidal Lozano nació en 1957 en Salta, Argentina. Es profesor nacional de pintura y escultura. Los críticos más importantes del país han escrito y publicado sobre su obra. Jurado de salones nacionales, produjo más de 25 muestras individuales. Realizó viajes de estudio por culturas precolombinas de Perú, Bolivia, México, Cuba, Argentina. Salta. Ganó más de 50 premios nacionales.

Ponerse en contacto con su obra “Luz de la Puna”, a raíz de su Primer Premio en Estilo Pilar 2015, es entrar a lo tenue y al silencio. Su proyectos se desenvuelven en el límite de lo visible, otorgando al espectador, como sucede en gran parte del arte contemporáneo, un rol muy activo.

La obra no se impone por su elocuencia sino por una claridad de alba o del crepúsculo que invade desde la superficie, suscitando una experiencia extrema. En efecto, Vidal Lozano es un extremista, perteneciente a esa clase de artistas que desafían el vacío, al menos aparentemente, sin manifestar ningún horror.

Con mínimas unidades ópticas: una franja horizontal y con tres verticales atravesando el plano como un tótem, su propuesta roza el arte concreto, pero con una materia que para aquella tradición habría sido “demasiado humana”. Es decir, una materia sensible se une a un esquema constructivo.

Esta economía formal, indudablemente sobreviviente del minimalismo, se despliega en el plano con un color tierra desaturado tratado en el espacio con un mismo enfoque monocromático, eliminando así el contraste que pudiera perturbar la superficie o hacer demasiado visible los sucesos del cuadro. Recuerda a los Morandi abstractos.

Partiendo de estos objetos invisibles, la mirada del espectador es activada para captar el argumento y es en el recorrido del plano donde van apareciendo otras instancias expresivas: la materia signa la totalidad de la superficie con una contenida elocuencia informalista. Y lo que a simple vista era un vacío comienza a poblarse de huellas estableciendo un campo accidentado donde el color, más saturado en las ortogonales genera una rigurosidad que acentúa el valor de lo formal. Luego del reconocimiento obligado se ha corporizado lo fantasmal revelando un destino en ese campo lleno de signos y de huellas. Es una atmósfera propicia para un comienzo o un fin, donde tal vez sean estos sensibles mojones, las últimas referencias de que allí hubo algo.

En la actualidad el artista presenta una serie de objetos en óleo sobre madera, inspirado en el arte prehispánico de México. El objetivo es vincular los conceptos que subyacen en el Arte Precolombino con los del Arte Contemporáneo. Es el uso del material que lo hace extensible a lo animado y a la naturaleza como signo de lo vital. Nos propone piezas que a modo de escultura nos obliga a un recorrido y otras que, a modo de pintura de caballete, nos presentan un frente. Pero en esa variedad artística predomina la bidimensionalidad para todos los objetos. La polisemia atraviesa su obra, sentidos que pueden materializarse en los objetos y otros quedan afuera, imposibles de concretarse.